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Acerca de su historia

Si bien se desconocen datos concretos acerca de la conformación y asentamiento poblacional de San Francisco de Alfarcito, la historia oral recupera antecedentes sobre los primeros pobladores, anterior a la llegada de los españoles a los actuales territorios. En la llamada cuenca Miraflores-Guayatayoc donde está ubicado geográficamente San Francisco de Alfarcito, vivían los Casabindo y los Cochinoca. Estos grupos, en el período colonial fueron entregados en “encomienda” a Juan José Fernández Campero de Herrera, Marqués de Tojo. A pesar de ello, la legislación colonial les otorgaba a estos pueblos el derecho sobre sus tierras comunales, derecho que fue desconocido después de la independencia. Los descendientes del marqués reclamaron esas tierras como propias y comenzaron a cobrarles arriendo. De esta manera, muchas de esas familias quedaron como arrendatarias, dispersas dentro de su territorio original, viviendo en puestos abocados a la cría de ganado ovino, burros  y  llamas.

Guillermo Quipildor, uno de los miembros de la comunidad,  nos cuenta que esas familias dispersas comenzaron poco a poco a instalarse cercanas a un ojo de agua, ubicado a aproximadamente 3 km del núcleo actual.

Los primeros pobladores de San Francisco de Alfarcito, aún después de iniciar la incipiente concentración urbana, continuaron manteniendo sus puestos en las tierras adyacentes abocados a la cría y pastoreo de ganado. Sus relatos manifiestan que desde tiempos inmemoriales una o dos veces al año iniciaban un viaje, llevando varios burros cargados hacia otras regiones de la provincia e incluso hacia Chile y Bolivia, para intercambiar sus productos (chalona -charqui de cordero-, sal, queso y fundamentalmente textiles hilados con lana de llama o de oveja) por otros de diferente producción.

Hoy la economía del pueblo se basa todavía en la producción textil continuada por las mujeres, mientras que los hombres se dedican a la actividad de cría, de llama y cabras, cultivo de maíz, papas y  habas y a la extracción de sal de las minas próximas a su comunidad.

Entre las actividades que más se destacaron fue el cultivo de alfalfa, que le dio inicialmente el nombre al pueblo de “Alfarcito”.

La historia de este pueblo podría continuar relatándose en base al relato de diversos hechos ocurridos a lo largo de fines del siglo XIX.  Si bien se estableció 1920 como fecha de conformación, las antiguas casas construidas íntegramente en piedra y techos con waya (torta de barro y paja) atestiguan la ocupación anterior estrechamente vinculada a la región y a los grupos originarios que allí habitaron. La comunidad adoptó la denominación Kolla para identificarse desde el punto de vista étnico.